BERLÍN Y LA NATURALEZA
Durante los fines de semanas de verano, muchos berlineses salen de la ciudad a "disfrutar de la naturaleza". Mientras contemplan los infinitos campos de colza amarilla, apenas notan que han dejado atrás una naturaleza mucho más rica para irse a parar a paisajes empobrecidos, en los que la sobrefertilización propagada sólo ha dejado espacio a pocas especies de plantas y animales.
... de Marianne Weno- Fundación Protección de la Naturaleza de Berlín
(Stiftung Naturschutz Berlin).
Traducción: Sandra Moreno Mammel
En otros tiempos, la gran ciudad era considerada como "inhospitalaria". Konrad Lorez llegó a compararla con un tumor maligno que se va tragando al paisaje natural. Hoy nos dice la ciencia que en realidad son nuestras grandes ciudades los refugios naturales en los que las especies expulsadas de los alrededores encuentran su espacio vital, en lo que Berlín tiene el primer lugar entre las metrópolis. Esto tiene que ver, aunque sólo en parte, con el 40 por ciento de bosque, áreas verdes y agua que tiene. Regla general es también que mientras más grande sea la ciudad, más grande es la riqueza de especies. En los años 70, un estudio mostró que en el kilómetro cuadrado del centro urbano de Berlín occidental crecían 380 especies de plantas, muchas de las cuales florecen en lugares secos por lo que en regiones agrícolas no tendrían ninguna posibilidad de supervivencia. No es extraño que además acudan mariposas que son ya rarezas y otros insectos, seguidos de pájaros y murciélagos. Entre 1990 y 200 existían 141 especies de aves que habitaban en Berlín, más que en cualquier otra ciudad alemana, de los cuales había tantos ejemplares únicos como habitantes humanos. Aquí empollan el águila de cola blanca, el halcón peregrino, el cernícalo y otros pájaros más pequeños y raros de encontrar como la oropéndola y la cogujada. La ciudad podría casi compararse con algunas importantes reservas ecológicas de pájaros. A esto se suman además 50 especies de mamíferos que viven en libertad.
El biólogo Josef H. Reichholf, quien desde hace mucho tiempo viene investigando el tema, indica que la causa principal de la desaparición de las especies en el paisaje cultural es la sustancia compuesta por el abono semilíquido y el gas de escape de los autos. En las grandes ciudades, la agricultura no juega un papel importante. Es por esto que lo verde del centro urbano apenas se fertiliza y aunque es verdad que el tráfico trae consigo la gran inmisión de nitrógeno, Reichholf opina que las lluvias ácidas en el término municipal se desvían rápidamente y así las plantas absorben muy poco de estas sustancias. Aquí crecen también la ortiga, el perifolio y otros "indicadores de nitrógeno", sin embargo no crecen tan exuberantemente como para desplazar a las especies. A diferencia del paisaje cultural, podemos encontrar aquí poblaciones enteras de flores que atraen mariposas, abejorros y otros insectos, que a su vez se convierten en alimento de las aves.
La ciudad, sin haber elegido este papel, realiza actividades en pro de la diversidad de especies que el paisaje cultural ya no puede abarcar. Mientras la naturaleza ocupa sus nichos sin preguntar, la urbe juega un rol más bien modesto en la consciencia pública. La máxima de proteger aquí la naturaleza es para muchos aún un capricho. La urbanidad, la cultura de eventos, el sentimiento de metrópolis parecen ser inconciliables con el tema de la "naturaleza urbana".
Existen muchas opiniones acerca de la forma en la que deben conformarse las áreas verdes en la ciudad. Los que cuidan de los monumentos desean parques y jardines públicos con valor representativo e histórico. Los planificadores de la ciudad abogan por crear "áreas verdes intensivas" y "parques intensivos" destinadas al ocio. El crecimiento silvestre, aquello que realmente proporciona diversidad, sólo se permite allí donde moleste menos.
La buena noticia es que cada vez más personas desean una ciudad verde y además hacen algo para lograrlo. Los ejemplos son innumerables: desde árboles sembrados con mucho cariño; verdes oasis en patios interiores; muros, techos y regiones urbanas cubiertas de plantas que quedaron convertidos en jardines prácticamente naturales por los llamados "piratas de jardín" y alcanzan a la Comunidad de Intereses, que suavemente le ha arrancado al Ministerio de Áreas Verdes la creación y el cuidado de un "Grünzug" de las manos, creando así un lugar de la diversificación natural. Y siempre que se tala un árbol, se manifiestan los ciudadanos en contra.
El 30 de junio y el 1 de julio se celebrará el "Día de la Naturaleza Urbana". Si hojeamos el extenso programa, encontraremos un número de 400 actividades para niños y adultos en aproximadamente 150 localidades de los diferentes barrios. Estas acciones tienen como objetivo llamar la atención sobre los tesoros que muchas veces no son tomados en cuenta, crear consciencia al respecto e incitar a la iniciativa individual. Gran parte de lo que se ofertará es obra de personas comprometidas que demuestran que los berlineses aman la naturaleza, necesitan de ella y son capaces de traérsela a su barrio si es necesario sin ni siquiera esperar demasiado por permisos. Como si esto no fuese, a pesar de los problemas, motivo de optimismo...
más información en www.langertagderstadtnatur.de
Keywords: naturaleza urbana





























