Bien de izquierda, bien de derecha y justo en el centro de Berlín
La extraña historia de los ladrones de áreas verdes y del pirata del río Spree, quien intentara regresarle al pueblo el espacio robado
Aún lo recordamos: un político alemán, homofóbico y bastante derechista (Adolf H.), le hace la guerra a los Estados Unidos. Para vengarse, los Estados Unidos bombardean la capital alemana y con ella algunos edificios muy chulos de la Época Fundacional que se encontraban a orillas del Spree en Friedrichshain. Después de la guerra, un político alemán, homofóbico y bastante izquierdista (Walter U.), hace limpiar el terreno para dotarlo de un muro muy chulo que lo protegiera de los gobiernos derechistas del occidente y de los Estados Unidos. Algunos años después de que cayeran el Muro y el último y bastante izquierdista gobierno de Erich H., el senado berlinés decide rearmar nuevamente el barbecho floreciente, esta vez con una ciudad mediática muy chula, con nuevas y grandes arenas donde celebrar eventos y, cosa muy original, bajo el patrocinio de Klaus W., político homosexual bastante izquierdista y además con el dinero de Philip A., financiero estadounidense, homofóbico y bastante derechista.
Como tan a menudo suele suceder con todo lo que parece una sátira, la lucha por la Arena O2 en Friedrichshain, Berlín, es parte fiel de la realidad. Si tan sólo se tratara de una construcción, el capítulo hace mucho tiempo habría quedado cerrado: la arena se queda, el muro se va. Sin embargo, como ya habíamos insinuado al inicio, la cosa va mucho más allá del hormigón, del cristal y del plástico. Se trata más bien de decisiones de orientación, de dinero, de ideologías y de todo un barrio mediático.
Los frentes son muy fáciles de delimitar. Por una parte se encuentran el Senado de Berlín y un grupo de inversionistas, en parte internacional, quienes pretenden “edificar tierra baldía” y “crear puestos de trabajo” y quienes además, para generalizar, se hace etiquetear con el título de “Asociación Registrada Mediaspree”; por la otra están los críticos de planificación, que intentan “preservar las superficies libres creativas” y evitar la “gentrificación” de esta área, conocidos comúnmente como “Asociación Registrada Mediaspree versenken”, lo que viene a significar algo así como “Hundir el Mediaspree”.
Este conflicto lo conocemos de innumerables cuentos y filmes. “Momo” de Michael Ende constituiría un buen ejemplo con su niña generosa, idealista, pensando siempre en el bien común y los capitalistas ambiciosos, materialistas y quemados moralmente; los buenos y los malvados pueden reconocerse fácilmente. “Cuando el mundo casi le pertenecía a los Hombres Grises, el misterioso maestro blanco Hora, señor de las horas, decide actuar”; detiene el tiempo, con lo que toda la Tierra queda estática; luego envía a su tortuga Casiopea y a la niña pequeña y despeinada, quien recibe en sus manos una flor horaria, con la cual deberá luchar en una hora contra los prepotentes Hombres Grises. (Wikipedia)
Los mitos tienen algo bueno y es que nos permiten simplificar cuestiones complicadas. Sin embargo, no siempre logran reproducirlas fielmente ni dándole toda la libertad de interpretación. Los Hombres Grises son claramente y sin discusión el enemigo a muerte que hay que combatir, esto lo entienden tanto la pequeña Momo como el lector o el espectador aficionado.
El cuento del Mundo del Oxígeno, en alemán moderno conocido también como O2, es por naturaleza algo más complicado. Intereses diversos se superponen, asociaciones y lobbys, la derecha y la izquierda, los del dinero y los de los ideales; todos se bombardean con cifras, reproches y prejuicios de tal manera que apenas queda espacio para alguna información sin sentido político. Como en toda guerra fría, ambas partes insisten en acaparar para sí toda la verdad. Aquellas voces sensatas que explican y argumentan las consecuencias tanto económicas como socio-ecológicas de la ciudad mediática que aún está por ser construida o destruida, son difíciles de encontrar. Y con razón, porque a diferencia de “Momo”, el punto de partida de esta lucha urbana aún no queda claro. Además, la intervención en la trama se le ha hecho posible a los legítimante democráticos ciudadanos de Friedrichshain y Kreuzberg sólo desde hace poco tiempo.
Pero regresando a nuestro cuento, los Hombres Grises, representados en este caso por el Senado de Berlín así como por los inversionistas O2 y el Anschutz Entertainment Group, sedujeron a los ciudadanos con todo un convincente rosario de ventajas que tendría la metódica edificación de Mediaspree. Se habló de una inversión de 2,7 millones de euros y de 30.000 a 40.000 nuevos puestos de trabajo. Momo, la pirata del Spree, objeta con la consecuente subida de los alquileres en la vecindad, el caos del tráfico que ya comienza a vislumbrarse y lo que significaría la pérdida de la orilla virgen y accesible por todos. Como casi siempre en un cuento, el lector con derecho a elegir se decidió por un final feliz y otorgó a los Hombres Rojogrises del Senado de Berlín una negativa del 87%.
Es por eso que el lector aficionado tiene que sentirse burlado cuando se da cuenta de que el Happy End en realidad no es definitivo, porque la realidad es que los Hombres Grises no necesitan de Momo para continuar con el cuento. Aunque Beppo, el barrendero del barrio (para seguir con la analogía del finalito), ha prometido llevar adelante la decisión del pueblo, el Senado no se da ni por enterado ¡Pero si hubiera altas sumas de indemnización que ayudaran a los dispuestos inversionistas a superar la voluntad manifiesta de los indignados ciudadanos!
¿Pero qué se puede hacer en esta situación sin solución? Los escenarios secundarios son un recurso muy usual en la estrategia bélica y también como táctica desmoralizante. Así pasa que para darle respuesta al silencio de los Hombres Grises, Momo se va a domostrar aunque sea delante de una pantalla publicitaria que se encuentra a orillas de una calle principal. Por supuesto que el monstruo es feo y que corresponde más bien al borde de una autopista que al borde de la East Side Galerie, y por supuesto que sería mucho más fácil arrancar un pantalla publicitaria que un estadio completo. Los Hombres Grises habrán entendido el verdadero mensaje de la marcha durante la inauguración del mundo O2 y de la manifestación en contra de la megalómana publicidad lumínica: “no nos rendiremos aunque tengamos que tumbar a demandas, una por una, cada piedra.”
Momo tiene en mente ya algunas cosas. De Casiopea habrá aprendido lo fundamental, a tener paciencia y a respirar pausadamente; esperemos ahora que el Maestro Hora no le haya dado sólo una flor horaria para el camino. Apoyo espiritual también ha recibido, el Dalai Lama ha cancelado su presentación prevista para el 19 de octubre en la arena O2, si bien por motivos de salud.
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